En mi opinión, es correcto aquel comportamiento que tiene mejores consecuencias para los individuos con la capacidad de sufrir y disfrutar. A los animales les interesan los efectos que tienen nuestros actos sobre su vida. Las consecuencias de nuestros actos es lo relevante para los animales, y no el hecho de que nuestro comportamiento esté ajustado a determinadas reglas morales. Ajustar nuestro comportamiento a reglas morales es relevante para los animales solamente en la medida en que dicho comportamiento tenga consecuencias para ellos.
El veganismo es una práctica que consiste en no consumir productos de origen animal y en rechazar el uso de animales por motivos éticos. Ser vegano supone, por tanto, ajustar el comportamiento a determinadas reglas morales. Si damos importancia a los intereses de los animales, deberíamos ser veganos y difundir el veganismo si ello tiene consecuencias positivas para los animales.
Lo cierto es que sí tiene consecuencias positivas. En primer lugar, el veganismo supone dejar de contribuir a las empresas y particulares que se lucran con la explotación de los animales, lo cual las debilita económicamente. En segundo lugar, el veganismo es una excelente herramienta a la hora de difundir que los intereses de los animales han de ser tenidos en consideración moral.
Los miembros de una sociedad que tenga en mayor consideración moral los intereses de los animales previsiblemente actuarán de una manera más beneficiosa para dichos animales. Esto contribuirá a evitar el nacimiento de individuos en cuya vida predomina el sufrimiento, como ocurre en el caso de los animales explotados en granjas. Contribuirá también a posibilitar que los animales que ya han nacido tengan una vida placentera, gracias a lugares como los santuarios. Y a que rechacemos el especismo en nuestros actos, no discriminando a los individuos por el hecho de pertenecer a una especie.
Sin una mayor extensión del veganismo, avanzar hacia una sociedad como esa será imposible. Por eso el veganismo es una herramienta imprescindible para la consecución de dicha sociedad. Pero el veganismo no es un fin, sino un medio. El fin es la maximización de los intereses que poseen los individuos con la capacidad de sufrir y disfrutar.